La impostora
¿Cómo se me pudo escapar?
Han pasado 34 días desde la última vez que escribí algo más que mensajes de WhatsApp del tipo:
— Todo sigue igual / hay que esperar / estamos cansados / gracias por preguntar —
Mi amigo Pedro estaba visitándome en París y yo le llevé a ver la exposición de Rick Owens en el Palais Galliera. Nunca podré agradecerle suficientemente su compañía esos días.
Tras la llamada de A, salí corriendo por el jardín del museo sin saber que mis pequeñas piernas podían funcionar de manera tan atlética y mecánica. Cruzando el Pont de l’Alma, choqué sin querer con una mujer corpulenta y bajita que cantaba
— The horn on the bus goes beep, beep, beep, beep, beep, beep, all through the town — mientras empujaba con una especie de vara a una niña subida en un unicornio de feria con ruedas.
No fui educada, no me disculpé. Tenía los oídos entaponados y no podía escuchar. Le pido perdón, madame.
A partir de ahí, el dolor se instauró. Era un blíster de náufrago y bocanadas de aire para volver a naufragar. Veinticuatro días de agonía mal gestionada. La incertidumbre es un espacio personal que no suelo saber atravesar.
Por lo general, cuando algo traumático y doloroso me pasa, busco resolver mi inquietud en el dolor maduro y pragmático de otras personas.
Salí a pasear con Pedro sin saber muy bien hacia dónde llevarle. Ya no encontraba la belleza con facilidad; los lugares que definían mi París me fastidiaban, me caían mal. Nos dejamos llevar por la pesadumbre hasta la Sorbona, en el 5º arrondissement. No escogí entrar en la biblioteca de Santa Genoveva: la luz de las vidrieras es demasiado clara, demasiado bella. Preferí la soteraneidad y la eternidad del Panteón, y le llevé directo a la cripta de Marie Curie.
Todas las naves del Panteón son iguales, pero a mí me pareció que la de los Curie era más ancha.
Ningún otro apellido acompañaba su cripta.
Pierre Curie murió atropellado en 1906, haciendo que el sufrimiento de Marie se volviera multifacético: abarcaba el dolor físico por la exposición constante a la radiación y el duelo profundo por la muerte súbita de su compañero de vida y trabajo.
Marie enfrentó rechazo por ser mujer. Fue cuestionada por su trabajo, por su moral, por su derecho a ocupar espacios de hombres. En un intento de recomponerse, abrió su corazón a su colega Langevin y el escándalo amoroso casi le costó su segundo Nobel.
Marie sufrió episodios de depresión que la acompañaron toda su vida. En su diario, tras la muerte de Pierre, escribió:
— “Tengo deseos de aullar como un animal salvaje”—
Fue porcelana agrietada hasta que se rompió.
Salimos del Panteón sin hablar mucho.
Pedro se fue a los tres días. No hubo mucho sol y la ropa no se secaba. Subrayé algunos párrafos para mis clases de la Universidad y compré un libro de segunda mano sobre Schiaparelli en la rue du Commerce. Abrí sus páginas buscando distracción, y encontré otra mujer rota.
La inadecuación fue la condición estructural de la vida de la diseñadora. No hubo escándalo, no hubo colapso, solo una tensión permanente entre quién era y cómo el mundo intelectual, aristócrata y extremadamente normativo donde nació, en Roma, le torturaba.
Su padre era el director de la Biblioteca Nacional de Italia; su tío, un astrónomo famoso.
Siempre se sintió poco agraciada. Incorrecta.
Buscando la belleza de forma incansable, plantó semillas de flores dentro de su nariz, oídos y garganta, creyendo que así se volvería bella. Quiso transformar su cuerpo desde dentro para merecer existir.
Su matrimonio con el teósofo Wilhelm de Wendt de Kerlor fracasó de forma devastadora: él la abandonó, la dejó sin dinero y sola con su hija Gogo enferma en París.
Por primera vez encontré dolor narrativo en la capital francesa. Mi ciego y excesivo enamoramiento no me había dejado leer ningún ápice de malestar en la armonía hausmanniana.
¿Cabe la posibilidad de que París sea una impostora?
¿Maquillaje sobre cicatrices?
¿Cómo se me pudo escapar?
Repos apres midi.



Cuando sientes que quieres aullar como un animal salvaje es que el dolor te ha atravesado el alma. Gracias, Julia, gran texto. ❤️
Genial , maravilloso. París es una gran fuente de inspiración.